Personas en situación de calle: Esta es su realidad en tiempos de covid-19

En 1828, pedir limosna o caridad, consumir demasiado tiempo en paseos o actividades ociosas, no tener un modo conocido de subsistencia, dedicarse a tocar instrumentos en la vía pública, presentar desnudez o aspecto desaliñado eran algunas de las causales para la imposición de sanciones por parte del Tribunal de Vagos establecidos en México. Aunque ahora se trate tan solo de un dato curioso y pueda causar gracia, lo cierto es que el estigma y la discriminación contra las personas en situación de calle subsiste de distintas formas casi 200 años después.

La investigadora especialista en personas en situación de calle en la Ciudad de México, Ali Ruiz Coronel, relata uno de los sucesos que la llevaron a centrarse en este tema: en el metro se repetía la grabación que pedía despejar el área de puertas de los vagones, y tras minutos de impaciencia, notó que había un joven aparentemente inconsciente bloqueando las puertas del vagón en que se encontraba. Su aspecto sugería que se trataba de alguien en situación de calle; todos permanecían inertes. Ella se acercó para tirar de él y entonces muchos acudieron en su ayuda. En la siguiente parada lo bajaron y algunos permanecieron para esperar a los paramédicos. Una señora mencionó que ella deseaba hacer algo pero temía que la golpeara por encontrarse drogado. Los paramédicos determinaron que se encontraba inconsciente por deshidratación y que no estaba drogado.

Esta anécdota nos recuerda muchas otras. No es difícil reconocer que cuando se trata de personas en situación de calle, la actitud generalizada por parte de la sociedad es moldeada por prejuicios. Ello ha implicado circunstancias particularmente difíciles para las poblaciones callejeras en tiempos de COVID-19. Según estimaciones de organizaciones de la sociedad civil, más del 80 por ciento de los fallecimientos de personas en situación de calle en la Ciudad de México caen dentro de lo que en literatura especializada se llama “muertes evitables”, lo que nos permite afirmar que la mayoría de estos decesos se dan por falta de acceso a servicios de salud (PDHCDMX 2021).

Así pues, una crisis pandémica resulta especialmente perniciosa para quienes no tienen posibilidad de recibir atención médica. Hay evidencia, además, de que una situación de calle prolongada genera fragilidad fisiológica y envejecimiento prematuro. Para estas personas, escuchar a los megáfonos repetir el “quédate en casa” una y otra vez, no es más que un recordatorio de que no tienen un hogar para refugiarse. Encima de esto, la discriminación que ya padecen se acentúa, pues quienes sí tienen resguardo procuran evitar el contacto con ellos por considerarlo riesgoso.

Al respecto, conviene mencionar que el nivel de contagio de COVID-19 registrado en poblaciones callejeras en la Ciudad de México ha sido sorprendentemente bajo (ello según lo observado por El Caracol A.C., la asociación que mayor presencia tiene en las calles atendiendo a quienes las habitan). No existen estudios que den cuenta de las razones detrás de este hecho, pero resulta importante que la interacción con población de calle no se considere de mayor riesgo que la interacción con cualquier persona.

Todos debemos utilizar cubrebocas, cuidar la distancia y desinfectar nuestras manos constantemente. En lugar de discriminar, deberíamos contribuir a que quienes no tienen casa puedan mantener tales precauciones, donando cubrebocas y gel antibacterial, por ejemplo. Cuando el Programa de Derechos Humanos para la Ciudad de México convocó a personas en situación de calle a una audiencia púbica en 2016, sobre todas sus necesidades fue notable una demanda unánime de ser tratados con igualdad. “No somos animales, no somos cosas que se abandonan, somos seres humanos” (PDHDF, 2016).

Aquí compartimos los sitios de algunas organizaciones a las cuales apoyar para contribuir a mejorar la situación de personas en situación de calle durante la contingencia: elcaracol.org.mx, ednica.org.mx, mivaledor.com

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