¿El relevo relegado? El pragmatismo de Morena y la violencia política hacia sus mujeres

¿El relevo relegado? El pragmatismo de Morena y la violencia política hacia sus mujeres

​Por Sol Cortés.

​La definición de las Coordinaciones de la Defensa de la Transformación en los estados ha dejado al descubierto la grieta más severa del partido en el poder: la tensión irreconciliable entre la urgencia electoral y la congruencia ideológica. En el afán de garantizar estructuras territoriales e incidir en plazas complejas, el pragmatismo parece haber desplazado los cimientos sobre los cuales se edificó el movimiento. La pregunta incómoda que hoy cruza los pasillos de la militancia y los espacios críticos de análisis es ineludible: ¿Morena perderá sin perder? ¿Nos estamos dando un balazo en el pie o dejando entrar al caballo de Troya?

​El mapa de las candidaturas e integraciones muestra un patrón preocupante donde algunas de las mujeres con trayectoria orgánica, solvencia discursiva e identidad plena con el proyecto son relegadas, mientras que figuras recicladas de la derecha ocupan posiciones estelares.

​​El caso de Tatiana Clouthier y Andrea Chávez sintetiza esta contradicción. Ambas representan bastiones fundamentales para el obradorismo en el norte del país, un territorio históricamente adverso para la izquierda. Clouthier fue la orquestadora de la victoria de 2018; Chávez, por su parte, encarna la fuerza jovial y contundente del debate parlamentario, al grado de ser calificada públicamente por el propio Andrés Manuel López Obrador como el «relevo generacional» del movimiento.

​Sin embargo, a la hora de las definiciones territoriales, el capital político de ambas parece haber sido administrado como moneda de cambio o enviado a la reserva. En contraste, la dirigencia abre la puerta a perfiles cuyo historial contraviene los principios fundacionales. 

Clara Luz Flores (Nuevo León): Acumula una militancia de 22 años en el Partido Revolucionario Institucional (PRI) (1998-2020), donde ejerció como diputada local y gobernó el municipio de Escobedo en tres periodos bajo el sello tricolor. Tras su renuncia e incorporación a la coalición oficialista, encabezó la candidatura a la gubernatura de Nuevo León en 2021, sufriendo una derrota contundente que dejó al descubierto la desconfianza del electorado frente al transfuguismo de la vieja política.

​Cruz Pérez Cuéllar (Chihuahua): El actual alcalde con licencia de Ciudad Juárez consolidó su carrera política a lo largo de casi tres décadas en el Partido Acción Nacional (PAN) (1986-2015). En las filas del panismo no solo ocupó cargos legislativos, sino que fue dirigente estatal del PAN en Chihuahua en dos ocasiones. Su coronación como coordinador estatal no solo ignora su trasfondo doctrinario en la derecha tradicional, sino que desplaza a las bases orgánicas del estado. 

​Ni el historial priista de Flores ni el pasado panista de Pérez Cuéllar encarnan los ideales antirregimén, de justicia social ni de ética pública que motivaron la fundación de Morena. Su entronización representa la captura del proyecto por parte de cuadros de la derecha adaptados al oportunismo del momento.

​Catafixiar convicción por un espejismo de viabilidad electoral no solo desdibuja el proyecto de nación; es, en esencia, acondicionar el terreno para que los viejos vicios del poder se reinstalen desde adentro.

​Más allá de las decisiones cupulares, el tratamiento mediático y digital hacia Andrea Chávez exige un análisis con perspectiva de género e interseccional. No se necesita coincidir al cien por ciento con sus posiciones para reconocer que la narrativa articulada en su contra tras la no incorporación de su candidatura desborda la crítica política legítima para adentrarse de lleno en la violencia política en razón de género.

​Los ataques orquestados por la derecha y sus granjas de bots no cuestionan su trabajo legislativo ni su capacidad de articulación territorial. En su lugar, apelan al catálogo más añejo y patriarcal del descrédito:

​Reducción del mérito: Atribuir sus espacios, voz y crecimiento político a su relación partidaria o cercanía con Adán Augusto López, borrando su agencia política.

​Burlas y escarnio: Celebrar la exclusión de candidaturas mediante mofas sexistas que buscan disciplinar a las mujeres jóvenes que ocupan el espacio público.

​Violencia simbólica: Asociar el liderazgo femenino a la tutela masculina, un sesgo que rara vez se aplica con la misma saña hacia los cuadros hombres de edad avanzada.

​A pesar del linchamiento digital y del cerco mediático, la congruencia de Chávez hacia la causa del obradorismo y su militancia no ha tambaleado. Minimizar a una legisladora que ha enfrentado la plaza pública con rigor argumentativo es ignorar que el relevo generacional de las mujeres jóvenes en la política mexicana no es una concesión decorativa, sino una conquista territorial y legislativa.

​Caballo de Troya en casa. ​El dilema de fondo para la transformación radica en su propia memoria. Al permitir que personajes con pasado conservador tomen las riendas en estados clave, la cúpula partidista confunde la suma de siglas con la construcción de hegemonía social.

​Abrir la puerta al transfuguismo de la derecha sin exigencia de asimilación ideológica coloca a Morena en un escenario riesgoso: ganar la elección formal, pero perder la capacidad de transformar. Cuando las decisiones estratégicas castigan la lealtad orgánica de perfiles como Clouthier o Chávez para premiar la conveniencia de los grupos de poder tradicionales, el movimiento arriesga su activo más valioso: la confianza de sus bases.

​Es momento de reflexionar si el precio de la expansión territorial será la desarticulación de su propio relevo generacional y la validación de las prácticas patriarcales que la izquierda prometió erradicar!

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