La encuesta de Ana Lilia como distractor

La encuesta de Ana Lilia como distractor

En política, cuando faltan respuestas, sobran distractores. Y uno de los más socorridos son las encuestas. La senadora Ana Lilia Rivera quiso mover el foco con una medición tan puntual como hueca. Hablar de números para no hablar de sí misma.

No le funcionó.

Mientras ella mostraba porcentajes, la conversación seguía anclada en otra parte. En sus palabras. En ese momento en el que llamó “estúpidos” a quienes le preguntaron por su trabajo legislativo. Como si exigir cuentas fuera una insolencia. Como si el poder autorizara el desprecio.

La encuesta se evaporó rápido. El insulto no.

Porque no hay dato que borre la soberbia, ni estrategia que maquille el desdén cuando se dice sin cuidado. A veces el mensaje no está en lo que se mide, sino en lo que se evade. Y en el tono con el que se decide no responder.

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