México, de país de tránsito a residencia permanente
Los gobiernos de México pasaron décadas repitiéndose una mentira que terminaron creyéndose a sí mismos, la vieja historia del país puente, del territorio de paso y de la estación intermedia rumbo al sueño americano sirvió durante años para administrar discursos, justificar omisiones y esconder la magnitud de un fenómeno que avanzaba silenciosamente hasta modificar la realidad.
El problema de las narrativas oficiales es que funcionan mientras las cifras no las contradicen, pero las cifras terminaron por arrasar el relato a una realidad que bien merece considerar en la vida cotidiana de los mexicanos.
Los datos de la propia autoridad migratoria exhiben una transformación histórica que prácticamente no tiene precedente reciente; en 2019, primer año completo del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, se registraron alrededor de 186 mil eventos migratorios irregulares; en 2020 la pandemia redujo el flujo a cerca de 82 mil casos; en 2021 la cifra volvió a dispararse hasta alcanzar 309 mil 692 personas; en 2022 escaló a aproximadamente 444 mil; en 2023 rebasó los 782 mil registros y para 2024 llegó a 1 millón 234 mil 698 eventos.
5 años bastaron para multiplicar el fenómeno hasta niveles que hace una década habrían parecido imposibles.
La dimensión del cambio no radica únicamente en el volumen, el verdadero disparador ocurrió en la composición del flujo humano que comenzó a recorrer y después a quedarse en territorio mexicano.
Durante décadas el mapa migratorio parecía predecible: Guatemala, Honduras y El Salvador concentraban el grueso de la movilidad regional.
Aquella geografía desapareció, Venezuela se convirtió en protagonista de las estadísticas; Haití pasó de ser un fenómeno excepcional a convertirse en presencia constante; Ecuador, Cuba y Colombia comenzaron a figurar de manera recurrente; y junto con ellos aparecieron nacionalidades que antes simplemente no existían en la conversación pública mexicana.
El país empezó a recibir personas provenientes de Senegal, Guinea, Angola y diversas regiones africanas, incluyendo ciudadanos procedentes del Congo que ingresaron mediante rutas humanitarias y corredores que desembocan principalmente en Tapachula.
El gobierno ni siquiera dispone todavía de una cifra consolidada y precisa sobre cuántos permanecen en territorio nacional porque los registros aparecen dispersos entre categorías de refugio, tránsito y estancia temporal.
Hablamos de un descontrol informativo, técnico y estratégico de la gestión migratoria en el país.
La historia comenzó a cambiar cuando México dejó de ser una ruta y empezó a convertirse en destino; ahí radica la diferencia entre administrar tránsito y administrar permanencia.
Una caravana que cruza produce tensión momentánea, una población que permanece modifica ciudades enteras, ahí están ciertas alcaldías de la CDMX en la que los migrantes ya exigen vivienda, servicios médicos, escuelas, empleos, espacios públicos, infraestructura y capacidad institucional y por si fuera poco, también exigen su ingreso a los programas sociales. Es decir, exigen Estado.
Pero el problema es que el Estado mexicano jamás se preparó para eso, sólo dejaron entrar a México una cantidad masiva de migrantes, sin control y sin estrategia alguna para su gestión.
Mientras la discusión pública se consumía entre consignas ideológicas y debates de ocasión, la realidad avanzó más rápido que las instituciones, porque también las ciudades fronterizas comenzaron a resentir presión en servicios básicos; municipios sin experiencia migratoria empezaron a improvisar albergues, corredores industriales observaron el establecimiento progresivo de comunidades extranjeras y las oficinas encargadas del refugio quedaron rebasadas frente a una demanda que crece a una velocidad muy superior a su capacidad de respuesta, sin mencionar que México aceptó voluntariamente la deportación de migrantes irregulares de EEUU, sin importar que fueran de otras nacionalidades.
La administración de López Obrador heredó presiones migratorias, pero terminó entregando una circunstancia completamente distinta, un país que dejó de administrar emergencias aisladas para convertirse en escenario permanente de movilidad global.
El propio gobierno reconoció en distintos momentos que por territorio nacional transitaron personas provenientes de más de 170 países.
La cifra resulta brutal por lo que representa, México ya no enfrenta un fenómeno regional, enfrenta una reconfiguración demográfica vinculada a crisis políticas, pobreza, desplazamientos, violencia y rutas internacionales que conectan prácticamente medio planeta con la frontera sur.
La llegada de Claudia Sheinbaum recibió una herencia compleja, los primeros meses de su administración mostraron estrategias de contención y reducción de caravanas visibles, pero las estadísticas y los movimientos poblacionales indican algo distinto, el fenómeno no desapareció, simplemente se volvió menos visible.
Hoy las estimaciones basadas en registros de INEGI, INM y organismos de refugio calculan que entre 1.6 y 2 millones de personas nacidas en el extranjero viven actualmente en México.
La cifra incluye estadounidenses, venezolanos, colombianos, cubanos, haitianos, hondureños y nuevas comunidades provenientes de regiones africanas.
El país que se definía como puente descubrió demasiado tarde que terminó convertido en casa.
Los discursos pueden seguir insistiendo en otra versión de la historia, pero las cifras son frías, golpean en la cara de todos, sobre todo de los gobiernos la incomodidad que empieza a permear entre los mexicanos, donde los extranjeros tienen privilegios por encima de los propios connacionales.
Cancún es ejemplo de ello, algunas zonas de playa en Nayarit, Jalisco y Baja California Sur, también, pero no olvidemos cómo una organización de ciudadanos chinos quiso comprar grandes extensiones de tierra en Quintana Roo para hacer su propia ciudad amurallada o de cómo los menonitas de Chihuahua también comenzaron a abarcar grandes extensiones de tierra que se habían vuelto exclusivas.
La migración es un tema de profundo análisis y una mayor reflexión, tanto para autoridades como para los propios mexicanos de todos los sectores.
Comentarios