Números alegres y protagonismos innecesarios
En política, la comunicación institucional debería servir para informar con claridad, no para generar confusión. Por eso sorprendieron las recientes declaraciones del coordinador de Comunicación Social del gobierno estatal, Antonio Martínez, quien afirmó que los diputados locales “cuestan” más de 16 millones de pesos.
La frase, por decir lo menos, resulta imprecisa. El Congreso del Estado de Tlaxcala cuenta con un presupuesto anual que no está destinado exclusivamente a los salarios de los legisladores, como podría interpretarse a partir de ese comentario. Se trata de un recurso que permite el funcionamiento completo del Poder Legislativo.
En ese presupuesto se contemplan, por supuesto, las percepciones de los diputados, pero también el pago de decenas de trabajadores sindicalizados y de confianza que sostienen la operación diaria del Congreso. A ello se suma el cumplimiento del contrato colectivo, que establece incrementos salariales anuales —alrededor del seis por ciento—, así como los gastos de mantenimiento del recinto, servicios, logística parlamentaria y múltiples actividades administrativas.
Reducir todo ese engranaje institucional a una cifra atribuida únicamente a los legisladores no sólo es técnicamente incorrecto; también refleja una preocupante ligereza en el manejo de la información pública.
La comunicación social de un gobierno debería tener como prioridad la precisión y la responsabilidad. Quien ocupa esa posición no está para opinar al vuelo ni para protagonizar debates con datos incompletos. Su papel es explicar, contextualizar y ayudar a que la ciudadanía entienda cómo funcionan las instituciones.
Porque cuando desde una oficina oficial se lanzan cifras sin sustento o se simplifican realidades complejas, el resultado no es transparencia, sino ruido.
Y en política, el ruido suele ser el refugio de quienes prefieren el protagonismo antes que el rigor.
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